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Molino de Montosa

Ayuntamiento de Sedella

Molino de Montosa

Esta fábrica de cubo situada en Sedella recibe su nombre por el último propietario y molinero, Antonio Montosa Palacios, aunque tradicionalmente también ha sido conocido por los habitantes del pueblo como Molino Alto, ya que se encuentra en la ladera de una colina cercana al núcleo urbano. Sin descartar una antigüedad mayor, encontramos una referencia de este molino en el año 1752, con las Respuestas Generales del Catastro de Ensenada. Aquí se indica que este molino movido por agua y de un solo juego de piedras, es el único existente en el pueblo, siendo propiedad de Don Julián de Aro.

Durante el siglo XIX, el molino seguía trabajando por la creciente demanda de harinas debido al aumento significativo de la población, y es aquí cuando se abre un segundo molturador harinero en el pueblo, posiblemente una tahona localizada en el núcleo urbano. La aparición de un nuevo molino contrasta con el déficit de trigo y cebada que venía arrastrando el pueblo de Sedella, acentuado por el crecimiento demográfico. La agricultura local era totalmente incapaz de proporcionar los cereales necesarios y había que recurrir a la importación con arriería desde zonas productoras como Alhama de Granada, circunstancias que aún se mantendrían a comienzos de los años 40 del siglo XX.

Más adelante, la fuerte emigración causada por la crisis post-filoxérica y la importación de harinas industriales procedentes de Vélez-Málaga, provocaron que entre los años 1955 y 1960 el obsoleto molino de Montosa cerrara definitivamente, quedando abandonado y en proceso de paulatina ruina, hasta que en julio de 1994, el Ayuntamiento de Sedella decidiera comprar el inmueble a sus últimos propietarios y procediera a su restauración.

 

El edificio está asentado sobre un afloramiento esquistoso de una ladera situada al norte del pueblo de Sedella. Su planta conforma un rectángulo de 15m. de largo por 4 m. de ancho, la orientación de la construcción es sur-sureste. En su fachada delantera aparecen con distribución irregular seis vanos a distintos niveles, correspondiendo uno al cárcavo de evacuación, elaborado con un arco rebajado de ladrillos macizos. Los restantes vanos, acceso y ventanas, se ejecutan con dintel de madera. Destacan unos retranqueamientos del muro a lo largo de la fachada. Los muros del edificio están elaborados con fábrica de mampostería del lugar con aparejo irregular, donde se alterna la piedra con ripios cerámicos, no apreciándose el uso del ladrillo macizo más que en el arco del cárcavo. El mortero original de la obra debió tener las proporciones tradicionales en la zona, esto es, cuatro paladas de arena escasamente cribada por una de cal apagada. El revestimiento original de las paredes ha sido picado y sustituido por otro ejecutado con cemento moderno y pintura plástica.

Durante el abandono de la instalación se perdió gran parte de su cubierta, siendo necesario durante la restauración cambiar la totalidad de ella. La cubierta, de un agua, descansa sobre viguería de cuartones de madera nueva que reemplazan a los rollos de roble, madera común en las carpinterías tradicionales del lugar. Sobre las vigas aparece fijado con clavos el tableado de madera barnizada, y sobre este, las tejas árabes. No existe recuerdo sobre si la cubierta original se encontraba protegida por la típica torta o alcatifa de tierra cribada que se aplicaba entre el tableado y el tejado. El alero rematado con un listel de ladrillos macizos dispuestos a tizón y una superposición a doble teja conforma el único elemento decorativo del conjunto.

Ya en el interior del molino encontramos una distribución en planta baja y altillo de madera. La planta baja cuenta con una sala principal con un pequeño hogar. En esta sala se realizaban tareas de diversa índole, como por ejemplo, el peso con romana de los sacos de cereal. Sin salir de esta planta, a una altura de 1,44 m. y accediendo por una pequeña escalera de obra y con cuatro escalones, se encuentra la sala de molturación. Toda la planta baja cuenta con la solería original de mazaríes de 28×28 cms. En un segundo nivel hay un altillo utilizado como almacén de cereales, elaborado con una madera barnizada que sustituye al original.

 

Hidraúlicas

El molino de Montosa cuenta con todos los elementos hidráulicos característicos de un sistema de cubo: presa, caz, cubo y rodezno. En general, los únicos materiales empleados en su ejecución son mampuestos de la zona y mortero de cal. Siguiendo el recorrido que realiza el agua a su paso por el molino, el primer elemento que se encuentra es la presa. Esta está situada en la parte trasera del molino y a una altura superior respecto a este de diez metros aproximados. Aquí se embalsan las aguas acequiadas desde el arroyo Encinar, que brota en las rocas calizas de Sierra Tejeda. La presa original conformaba un polígono irregular horadado sobre el suelo de esquistos. Sin ningún tipo de revestimiento en el fondo ni en paredes, la única obra que aparecía era un pequeño muro que contenía la compuerta de comunicación con el caz del molino. Actualmente la presa tiene un revestimiento de cemento para evitar pérdidas.

 

El siguiente componente que encontramos es el caz. Esta canalización de 17,92 m. de largo tenía por función llevar el agua desde la presa hasta el cubo manteniendo la altura de aquella, pues hay que recordar que presa y molino se encuentran a niveles distintos de altura. El caz contaba con un aliviadero para controlar el caudal de aguas y evitar que rebosaran, actualmente desaparecido tras las reformas. La estructura también cuenta con mechinales, huecos utilizados para evacuar las perjudiciales filtraciones en el interior de la obra. Todo ello está realizado con la misma fábrica que el resto del edificio, aunque se evidencia una abundante utilización de cemento en la restauración.

El caz desemboca en el cubo. Este es un depósito vertical con forma de cilindro cuya misión es suministrar agua a presión al rodezno. El códice de hidráulicas atribuido históricamente a Juanelo Turriano y escrito en la segunda mitad del siglo XVI, 21 libros de los ingenios y máquinas, explica en el capítulo undécimo como debían elaborarse estos cubos para obtener los mejores resultados, ya que volumen y presión hidrostática jugaban una importante relación. El autor especifica que estos cubos debían tener una altura mínima de 30 palmos castellanos (6,26 m.), la boca o entrada debía tener una proporción de cuatro partes y la salida inferior una cuarta parte. En cuanto al espesor de las paredes del cubo, se aconseja tener una relación de una cuarta parte del diámetro del conducto. Recalca el códice la importancia de usar mortero y mampostería, además de la necesidad de insertar mechinales.

Se observa que el cubo de Montosa con una altura de 8m. aproximados, su fábrica de mampostería y mortero, el uso de mechinales y las proporciones de entrada y evacuación cumple con las indicaciones del códice, además destaca el aumento del grosor del cubo en gradiente, a fin de reforzar la estructura de la presión ejercida por el agua. Esta coincidencia entre códice y construcción demuestra que el molino debió ejecutarse por algún alarife que conocía bien las técnicas hidráulicas, por lo que la obra es producto de la autoconstrucción, quedando por saber la procedencia y grado de difusión de los conocimientos en técnica hidráulica, además del desarrollo del oficio de constructor de estos sistemas en la comarca de la Axarquía.

 

El ciclo del agua termina cuando ésta es liberada a través del saetín o saetía, una canaleta de madera que recoge el agua de la parte más baja del cubo y la proyecta a presión contra el rodezno. Conviene que el saetín no apunte al rodezno de forma perpendicular, sino con cierta inclinación sobre las palas para imprimir una mayor fuerza de movimiento, como así sucede en el caso estudiado. Se observa también que el saetín se regulaba manualmente mediante una pequeña tapadera, en la actualidad desaparecida.

El siguiente elemento analizado es el rodezno, este es una rueda horizontal que mueve de manera solidaria la piedra corredera a través de un eje de hierro. El libro 21 libros de los ingenios y máquinas indica que la proporción ideal de estos rodeznos debe ser de 2 m. de diámetro, pero estas medidas presentarían problemas de torsión en el sistema, encontrándose que la gran mayoría de rodeznos de la península Ibérica tienen unas medidas comprendidas entre 0,80m. y 1,5m. de diámetro. En el caso de Montosa es difícil calcular el diámetro del rodezno ya que todas las palas o álabes se encuentran podridos y partidos por el proceso de abandono sufrido, pero cabe suponer una medida que sobrepasaría escasamente 1m. El rodezno tenía 8 álabes de madera, recogidos con un cercillo o fleje de hierro para evitar que estas trabajen en falso. El eje del sistema está elaborado en dos piezas, una de madera llamada maza y situada en la parte más baja, y otra de hierro llamada palahierro, ambas unidas por abrazaderas conocidas por el nombre de sortijas, diseñadas para facilitar el recambio de las dos piezas. El eje estaba unido a la piedra corredera mediante una pieza de enganche llamada lavija.

El agua sale finalmente a través del cárcavo, una abertura al exterior de 1,40m. de anchura cuyas paredes se encuentran recubiertas de sedimentaciones calcáreas procedentes de siglos de salpicaduras de agua. Una canalización llamada socaz lleva el agua a la acequia principal, que serpentea ladera abajo regando las distintas huertas que se encuentran a su paso. Es interesante mencionar que en la acequia de Sedella se mantiene la arcaica figura del regador o regante, un cargo relacionado con la difícil gestión del agua y que hunde sus raíces en el mundo rural musulmán. Este operario pagado por la comunidad, controla el buen uso de la acequia, de la que molino y huertas se aprovechan. El regador estaba encargado de distribuir según un orden establecido las horas de riegos en las huertas y los cortes para abastecer la presa del molino, que se hacía al caer la tarde. Este cargo servía también para dirimir pequeños pleitos que pudieran surgir entre aquellos que hacían uso del agua.

Las piedras de moltura

La sala de molturación cuenta con la clásica disposición de las piedras de moler. Apoyadas sobre un banco de obra se encuentra la piedra inferior, solera, y la superior, corredera. Las muelas que se encuentran actualmente en el molino tienen un diámetro de 1,30m. y son de tipo La Ferté Expositión, piedras artificiales elaboradas con un conglomerado de sílex procedentes del pueblo francés La Ferté-sous-Juarre. Estas piedras sustituyeron en las últimas décadas de vida de estos molinos a las tradicionales de cantera elaboradas en piedra almendrilla, una roca calcárea que se desgastaba fácilmente. El transporte de las piedras hasta el pueblo de Sedella se realizaba por fuerza de brazos, pues hasta la llegada del camino asfaltado en los años 40 del siglo XX, las vías de comunicación apenas eran aptas para la arriería. Las piedras cuentan en sus caras interiores con unos canales labrados o arroyos para triturar el grano. Estos arroyos recorrían de forma radial la muela y siguiendo el sentido de giro del rodezno. Debido al desgaste, los arroyos debían ser labrados de nuevo cada cierto tiempo, y para ello, el molinero contaba con la ayuda de la cabria, grúa abatible que permitía levantar las piedras y voltearlas. En el caso de Montosa, la cabria se encuentra en perfecto estado y como detalle, cuenta con el arriostramiento que le ofrece un madero anclado en los muros de carga del edificio. Fruto del expolio, casi la totalidad de las piezas y herramientas fundamentales en el proceso de molturación desaparecieron tras el cierre definitivo del molino.

La tolva, donde se vaciaban los sacos de cereales, el levador de las piedras, que permitía regular el grosor de la harina, o el guardapolvo, una funda de madera que colocada encima de las piedras evitaba que durante la molienda la harina se esparciera, son algunos de los ejemplos que se echan en falta.

 

Fuente:

https://lagaresycortijos.wordpress.com/2018/03/22/una-fabrica-hidraulica-de-cubo-molino-de-montosa/